“Aunque estoy a punto de renacer, / no
lo proclamaré a los cuatro vientos / ni me sentiré un elegido: / sólo me tocó
en suerte, / y lo acepto porque no está en mi mano / negarme, y sería por otra
parte una descortesía / que un hombre distinguido jamás haría. / Se me ha
anunciado que mañana, / a las siete y seis minutos de la tarde, / me convertiré
en una isla, / isla como suelen ser las islas. / Mis piernas se irán haciendo
tierra y mar, / y poco a poco, igual que un andante chopiniano, / empezarán a
salirme árboles en los brazos, / rosas en los ojos y arena en el pecho. / En la
boca las palabras morirán / para que el viento a su deseo pueda ulular. /
Después, tendido como suelen hacer las islas, / miraré fijamente al horizonte,
/veré salir el sol, la luna, / y lejos ya de la inquietud, / diré muy bajito: /
¿así que era verdad?”
Virgilio Piñera, “Isla”,
1979