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viernes, 8 de junio de 2012

Relato de Mely Rodríguez Salgado: "Carta desde el corazón"


Antología del microrrelato español (1906-2011). El cuarto género narrativo.
Edición de Irene Andres-Suárez

Hace un par de años, la ensayista Irene Andres-Suárez, gran estudiosa del microrrelato, me pidió permiso para publicar algunos textos míos en una antología que vería la luz en la editorial Cátedra. Gracias a otros blogs me enteré, días atrás, de que el libro en cuestión, Antología del microrrelato español (1906-2011). El cuarto género narrativo, ya estaba en la calle. Y ha sido esta misma mañana cuando esta joya literaria ha llegado a mis manos. 
Es todo un honor para mí participar en dicha antología con tres microrrelatos: "Luis Alberto", "La web de Marina" y "La verdad sobre La Metamorfosis". Es un honor por la demostrada calidad y seriedad con la que Andres-Suárez encara todos sus ensayos, y por la suerte de poder acompañar a los mejores autores del género. 

miércoles, 16 de mayo de 2012

Microrrelato de Mely Rodríguez Salgado: "La ilusión"


  
LA ILUSIÓN
Mely Rodríguez Salgado
                                                                                                                 
Las hermanas la observan con una sonrisa que amortigua la tristeza de sus ojos. Ella está exultante, se mira la tripa una y otra vez, la toca suavemente, coge las manos de sus hermanas y las acerca a esa parte del cuerpo abultada, después camina despacio, con unas piernas arqueadas que intentan sostener apenas el peso, se pone ante el espejo y se mira de perfil, como les ha visto hacer tantas veces a ellas, en cuyos rostros aparece, inequívoca, la resignación.
Es la hermana menor, siempre sola, siempre necesitada. La hermana sin edad. Han olvidado contar sus años, porque siempre fue así, pequeña y sin edad, sin cambios, la hermana querida y mimada que ahora manosea, con manos pródigas, su vientre con el vasto orgullo de sentirse una mujer completa.
La llevan a diario a la clínica. La doctora habla con ella. La doctora es amable, encantadora, pero le dice cosas que ella no comprende, la doctora no es como sus hermanas, tan próximas. Ella sí es ya igual a sus hermanas, porque también va a tener un niño a quien amar. La doctora le da la pastilla diaria.
Pasa mucho tiempo en la clínica. Ahora, por fin, ella tiene a su bebé. Es rubio y sonrosado. Una de las hermanas lo viste con una ropita que ella misma le ha hecho. Todos quieren cogerlo, todos acunarlo, y ella lucha para que nadie lo toque ni nadie se lo quite. Lo aprieta férreamente contra su pecho, pero aquel muchacho se lo arrebata con brusquedad, como un ladrón al acecho, se ríe y lo manosea, sigue burlándose y echa a correr a toda prisa. Ella va tras él, ella jamás ha corrido tanto con sus piernas torpes y arqueadas como lo hace en esos momentos, corre lo que jamás volverá a correr, oye voces, todos quieren alcanzar al ladrón, el muchacho se asusta y, por fin, arroja a la criatura con violencia al suelo, a un lugar lejano donde ya es igual darle alcance.
Una abertura hueca y oscura, una herida brutal, como una incongruencia, se abre en la espalda de aquel juguete, y de ella se escapa la caja parlante y musical, que rueda y se empotra debajo de un mueble. Y conforme va vomitando sus notas, cada vez recuerdan más al llanto inconsolable y monótono de un recién nacido.


miércoles, 4 de abril de 2012

Relato de Mely Rodríguez Salgado: "La cita"




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Taxi. Fuente de la imagen


"Dentro del habitáculo olía a tabaco añejo, a tapicería apergaminada, a un fondo mohoso y milenario, que estaba tercamente incrustado y saturaba la atmósfera. El hombre apenas musitó unas palabras de cortesía. Se limitó a escuchar en silencio el mensaje de urgencia de la mujer, y, tras darle la dirección, éste asintió con un movimiento de cabeza y se caló aún más la gorra. Un fondo de oscuridad parecía envolverlo, pero, aun así, ella respiró aliviada cuando sintió cómo el coche se ponía en marcha. Yo siempre llego a las citas, escuchó decir al conductor con una voz hueca que pareció retumbar en sus oídos".
M.L.R.

sábado, 9 de julio de 2011

Los mejores 1001 Poemas de la Historia (14): "Reyerta", de Federico García Lorca


Gustave Doré - Un duel à la "navaja del santolio"


Mely Rodríguez Salgado, colaboradora habitual de NarrativaBreve.com y ganadora de numerosos certámenes de literatura -entre ellos El Premio de Novela Corta Dulce Chacón (2009)-, nos recomienda el poema "Reyerta", de Federico García Lorca. 

Leer el poema "Reyerta", de Federico García Lorca



martes, 2 de noviembre de 2010

Relato de Mely Rodríguez Salgado: "Solidaridad"

Fotografía: Francisco Rodríguez Criado


SOLIDARIDAD
No empuja el viento la embarcación, sino el coraje. La inquietud de los días previos, que forjó el sueño épico hacia la tierra del pan, ya queda lejos. Ahora es el miedo quien los atenaza y confunde sus esperanzas. Allá quedaron las arenas del Atlas, aquello que fue todo, sus raíces. Miedo, una y otra vez, sobre los abismos de un mar inhóspito, dispuesto a engullirlos. Jamás ningún poeta cantará su sórdido viaje. Abierta está la noche ante unos soldados silenciosos dispuestos a morir por un sueño de libertad, una utopía que nadie reflejará en un canto legendario, si acaso destacarán una crónica triste en un informativo. No hay noche más negra que la que acompaña al miedo. Todo se confunde en su feroz desamparo. Hay gaviotas nocturnas que chillan y hacen llorar; los acantilados aguardan, los niños alzan sus manos, quieren buscar estrellas de mar y llevárselas como tesoros; sus padres, encontrar un lugar donde enraizar de nuevo.

viernes, 15 de octubre de 2010

Microrrelato de Mely Rodríguez Salgado: "La cajita decorada"



LA CAJITA DECORADA
Mely Rodríguez Salgado


Ella pensó que el mundo no se inventaba todos los días, que nada era nuevo ni había secretos por descubrir. Todo era repetitivo, y lo que tenía pensado hacer lo habrían hecho antes que ella muchas personas. Se dijo que los recuerdos, a veces, te ayudan a revivir el pasado a través de objetos personales. Lo que ella quería obtener era algo que había estado latiendo al compás de su madre.
Le retocó el cabello con sumo cuidado y se decidió, por fin, a cortarle un mechón. La decisión de escoger la cajita donde guardarlo le llevó bastante tiempo. Cada vez que pasaba por el comercio se detenía en el escaparate y las contemplaba en silencio. Una a una las iba mirando minuciosamente y, al final, elegía siempre la misma, la que estaba decorada con una libélula de alegre colorido. Su madre siempre le pareció como una libélula, inquieta, emprendedora, y con una belleza elegante y sutil. Por eso la compró, después se fue a casa satisfecha, casi contenta, le quitó el envoltorio, la abrió e introdujo el mechón del cabello de su madre. Lo miró con nostalgia, ahora ya era una reliquia. Siempre vería en aquel mechón un algo con personalidad que poder acariciar, que oler, y que era parte de su pasado, de aquel eje en torno al cual giró segura y con la tranquilidad de que su vida nunca se saldría del engranaje al que estaba sujeta férrea pero sutilmente, algo capaz de transportarla a los mejores años al lado de aquella mujer única. Cerró la cajita y la guardó en su bolso como un tesoro, como un fetiche que siempre la acompañaría fuera a donde fuese.
Un año después de la muerte de su madre, sus tres hermanas y ella se reunieron para charlar como acostumbraban hacer con frecuencia. Una vez más los recuerdos las llevaron hasta la madre. Ella se conmovió al palpar la tristeza de las hermanas, y fue a por la cajita decorada con la libélula donde guardaba el mechón de pelo blanco de su madre. Se la mostró a las hermanas, con cierto misterio, y la abrió; quería que ellas palparan aquello que fue parte viva de aquel ser tan querido. Sin embargo, asombrada, las vio sonreírse. Ni un asomo de sorpresa, ni la menor nostalgia y, ni siquiera, un comentario. Al momento, cada una sacó del bolso, con manos temblorosas, una cajita idéntica, que se mostraron las unas a las otras. Todas pudieron comprobar que las cajitas tenían el mismo dibujo de la libélula e idénticos colores esmaltados, y dentro de cada una había un mechón blanco del cabello de su madre que también llevaban siempre consigo. Las cuatro hermanas lloraron unidas y emocionadas
Era la primera vez que coincidían en gusto e idea.



Nota: narrativabreve.com es un blog sin ánimo de lucro que trabaja como redifusor de textos literarios, y en señal de buena voluntad indica siempre -que es posible- la fuente de los textos y las imágenes publicados. En cualquier caso, si algún autor o editor quisiera renunciar a la difusión de textos suyos que han sido publicados en este blog, no tiene más que comunicarlo en la siguiente direción: ciconia1@gmail.com).

jueves, 16 de septiembre de 2010

Relato de Mely Rodríguez Salgado: "La despedida de Ollie McGee"


De igual manera que el dinero llama al dinero, la literatura llama a la literatura. Después de una atenta lectura de Spoon River, Mely Rodríguez Salgado escribió este estupendo relato, "La despedida de Ollie McGee", recreando los elementos narrativos del libro de Edgar Lee Master (considerado por muchos no un poemario sino una antología de relatos cortos).
Se trata, pues, de un relato-epitafio narrado por un personaje, Ollie, desde su tumba.
Como de cementerios va el asunto, he ilustrado el relato con una fotografía que hice en 2009 en el cementerio de Montánchez (Cáceres).

lunes, 28 de junio de 2010

Relato de Mely Rodríguez Salgado: Cartas


  CARTAS
  A veces recibía más de una carta, como dejadas en el buzón por casualidad. Ella las esperaba cada día impaciente. En cuanto el cartero se marchaba con su carrito por la acera en busca de otra casa donde dejar la correspondencia, bajaba a recoger el correo con el corazón sobrecogido por la emoción que le proporcionaba tan ansiado instante. Cuando cerraba el buzón, después de comprobar meticulosamente que estaba vacío, se sumía en la inquietud y dejaba pasar las horas, interminables, que eran como telarañas de tiempo adheridas a su única ilusión, esas que le mermaban el ánimo.

miércoles, 16 de junio de 2010

Relato de Mely Rodríguez Salgado: Riesgo


     RIESGO
      Podría haberle dicho que no. Deshacerme de ella con cualquier pretexto, pero Marta es tenaz, manipuladora, envolvente, a lo largo de los años se ha acostumbrado a dominarme. Pero, sobre todo, Marta es demoledora cuando exhibe su agilidad en los deportes de riesgo. ¿Lo ves, incapaz?, me dicen sus ojos ebrios de triunfo mientras baja sudorosa la pendiente o se desata la soga que le sujeta el tobillo después de haber saltado desde el puente. Yo la recibo con una sonrisa de idiota para demostrarle, una vez más, mi admiración.

martes, 9 de marzo de 2010

jueves, 4 de marzo de 2010

Relato de Mely Rodríguez Salgado: Pasajeros sin identidad


            Ahora es cuando creo que somos verdaderamente felices. Acordamos hacer el viaje por el eco romántico y el influjo glamuroso y antiguo que, como una estela, nos llegaba desde el Danubio. Hemos vivido estos últimos años alejados el uno del otro, perdidos en medio del ruido sordo de la vida, en una ciudad insignificante, en una casa sin rastros, buscándonos para matar la soledad.