Ha ocurrido algo interesante en el III Maratón Fotográfico de la FNAC: algunos miembros del jurado no estaban de acuerdo con que los derechos de propiedad intelectual de las fotos, una vez premiadas, pasaran a manos de la organización que ponía en marcha el concurso. Tan poco estaban de acuerdo... que se han rebelado (¡Olé!). Consecuencias: se han cambiado las bases del concurso. Ahora son más coherentes, más respetuosas con el trabajo del fotógrafo.
¿Podría pasar algo similar en el ámbito de los concursos literarios? Sí, claro que podría pasar. Pero, claro, sería tan enojoso, tan cansino... Me consta que algunos miembros del jurado se lo curran más bien poco (sé de buenas fuentes que algunos premian obras que no han leído). Como para pedirles un motín en defensa de los derechos de los escritores...
