Mostrando entradas con la etiqueta Ambrose Bierce. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ambrose Bierce. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de marzo de 2012

Cuento breve recomendado: “Una conflagración imperfecta”, de Ambrose Bierce

Una mañana de junio de 1872, temprano, asesiné a mi padre, acto que me impresionó vivamente en esa época. Esto ocurrió antes de mi casamiento, cuando vivía con mis padres en Wisconsin. Mi padre y yo estábamos en la biblioteca de nuestra casa, dividiendo el producto de un robo que habíamos cometido esa noche. Consistía, en su mayor parte, en enseres domésticos, y la tarea de una división equitativa era dificultosa. Nos pusimos de acuerdo sobre las servilletas, toallas y cosas parecidas, y la platería se repartió casi perfectamente, pero ustedes pueden imaginar que cuando se trata de dividir una única caja de música en dos, sin que sobre nada, comienzan las dificultades. Fue esa caja musical la que trajo el desastre y la desgracia a nuestra familia. Si la hubiéramos dejado, mi padre podría estar vivo ahora.

Sigue leyendo el cuento

viernes, 2 de diciembre de 2011

Cuento breve recomendado (139): "Un día regresaron a la tierra", de Jacques Sternberg

“La obra de Sternberg puede relacionarse con autores como Kafka, Cioran o Bierce, pero también con los Hermanos Marx. Gran admirador de Cortázar, su espíritu anarquista cuestiona con agudeza, desde el absurdo, las convenciones sociales, la publicidad, la religión, el trabajo, la ciencia, la burocracia”
Eduardo Berti

sábado, 19 de febrero de 2011

Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia (21): "Aceite de perro", de Ambrose Bierce

Victor M. Jiménez Andrada ha elegido para esta sección el relato "Aceite de perro", de Ambrose Bierce, porque "más allá del rechazo que pueda provocar por su carácter macabro, es una narración en la que el bien y el mal se confunden en la precepción del personaje, como tantas veces ocurre en la naturaleza humana".
Leer el cuento. 

 

lunes, 3 de mayo de 2010

Relato de Ambrose Bierce: Una noche de verano

UNA NOCHE DE VERANO

El hecho de que Henry Armstrong estuviera enterrado no era motivo suficientemente convincente como para demostrarle que estaba muerto: siempre había sido un hombre difícil de persuadir. El testimonio de sus sentidos le obligaba a admitir que estaba realmente enterrado. Su posición -tendido boca arriba con las manos cruzadas sobre su estómago y atadas, que rompió fácilmente sin que se alterase la situación-, el estricto confinamiento de toda su persona, la negra oscuridad y el profundo silencio, constituían una evidencia imposible de contradecir y Armstrong lo aceptó sin perderse en cavilaciones.