Me llama la atención los serios problemas que tienen muchas personas -algunos escritores profesionales incluidos- a la hora de puntuar correctamente el vocativo, pese a lo sencillo que es de identificar. He leído novelas y colecciones de relatos premiados en certámenes literarios que han sido publicados con vocativos huérfanos de sus correspondientes comas, lo cual demuestra que el vocativo sigue siendo una tarea pendiente para a) autores, b) miembros del jurado y c) correctores de estilo.