En dos posts anteriores, Italo Calvino hablaba de la necesidad de reescribir sus textos. Su caso no es ninguna excepción: el arrepentimiento está implícito en la creación literaria. Resulta, no obstante, que algunos escritores se libran de tener que reescribir. Umbral, por ejemplo. Lo cuenta Delibes, que trabajó con él en El Norte de Castilla, en este interesante artículo: "El don de la palabra".
En alguna ocasión leí que Thomas Mann era capaz de escribir sus novelas sin apenas correcciones.