martes, 20 de septiembre de 2011

¿Viviremos 1000 años?



Inmortalidad. Fuente de la imagen


Hace unos días compré el número 134 de Nueva revista de política, cultura y arte, una publicación de la Universidad Internacional de la Rioja. La revista, que no es tan nueva como reza su nombre (la fundó Antonio Fontán en 1990), trata de manera ambiciosa temas como la política, las ciencias, las humanidades, el arte, la religión o la medicina. Precisamente en el ámbito de la medicina se mueve el breve ensayo del cual he extractado estas jugosas líneas que os ofrezco a continuación. El artículo, "Biomedicina: El futuro ya está aquí", de Javier Novo, intenta responder una pregunta que todos nos hemos hecho en alguna ocasión: "¿Hasta qué edad podrá vivir el ser humano en un futuro no demasiado lejano gracias a los avances médicos? 
Si no te asusta la respuesta, sigue leyendo...


[…] “La búsqueda de la inmortalidad es una de las constantes del espíritu humano. En términos prácticos, hoy la encontramos en el imaginario popular como un deseo de prolongar los años de vida, si bien no a cualquier precio: vivir más, pero sobre todo vivir en mejores condiciones físicas y mentales. Si el aumento en la esperanza media de vida experimentado por las sociedades desarrolladas en los últimos cincuenta años ha venido fundamentalmente por la drástica disminución de la mortalidad infantil, extender aún más la longevidad media sólo podrá ser el resultado de la victoria sobre las enfermedades que constituyen la principal causa de muerte (enfermedades cardiovasculares, cáncer) y, especialmente, sobre las enfermedades degenerativas asociadas con el envejecimiento. En este ensayo he esbozado cómo los avances biomédicos de la última década harán posible, al menos en parte, esa victoria. Y esto planteará nuevos desafíos a las sociedades del futuro.

Probablemente los lectores de estas líneas no hayan oído hablar de la Fundación SENS (Strategies for Engineered Negligible Senescence) o de la Fundación Matusalén. En pocas palabras, se trata del proyecto científico (o paracientífico, según sus detractores) de mayor envergadura para identificar las estrategias que hagan posible frenar el envejecimiento al máximo. “Al máximo” significa, en palabras de uno de sus fundadores, que a finales del siglo XXI las personas nazcan con una esperanza media de vida en torno a mil años. A la luz de los avances comentados aquí, esta aparente boutade podría no serlo tanto. Los atenienses cambiaban todas las piezas viejas y rotas del supuesto barco de Teseo, manteniéndolo así en perfectas condiciones durante siglos. De modo similar, el recambio sistemático de las células dañadas o envejecidas, junto con la reparación concienzuda de las lesiones genéticas, pueden llevar a alcanzar cifras de longevidad que ahora mismo parecen inverosímiles. Quizá no sean mil años, pero nada impide concebir que la vida de un ser humano nacido a finales del siglo XXI se extienda hasta bien entrado el siglo XXIII. 

Javier Novo, "Biomedicina: El futuro ya está aquí", Nueva revista de política, cultura y arte, nº 134. páginas 159-161. 

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