domingo, 18 de septiembre de 2011

Juan Pablo II en el ojo del huracán



Juan Pablo II (1920-2005). Fuente de la imagen

Recién terminada la lectura de Juan Pablo II. El final y el principio (Planeta, 2011), me animo a transcribir algunas de las críticas negativas que fueron publicadas a raíz de su muerte, y que vienen incluidas en esta biografía redactada por George Weigel, que es, según reza la solapa del libro, "una de las autoridades mundiales en todo lo referente a la Iglesia católica". Weigel es también autor de Biografía de Juan Pablo II, Testigo de esperanza.  


[...] "Los editores de The New York Times, cuyos predecesores habían afirmado en 1979 que los "nueve días" del papa no tendrían ningún efecto sobre la política de Europa del Este, seguían sin dar en el blanco, argumentando en un obituario editorial que Juan Pablo II era alguien que había `utilizando las herramientas de la modernidad para luchar contra el mundo moderno´, un líder que había causado impacto en su época `a pesar de que protestaba por ello´. La publicación periódica de izquierdas imperante en Gran Bretaña, The Guardian, hizo un análisis parecido del papado de Wojtyla: había sido un `pontífice doctrinario y autoritario´. Los comentaristas que llevaban tiempo oponiéndose a Juan Pablo II hicieron sus últimos intentos. Polly Toynbee, de The Guardian, describió el Vaticano como `una fuerza de gran potencia para la hipocresía y la crueldad', acusó a Juan Pablo de `haber causado la muerte de millones de católicos y otros no católicos en áreas dominadas por los misioneros católicos, en África y en todo el mundo´, y sugirió que `hacer genuflexiones ante aquel cadáver no era muy distinto de desfilar ante Lenin´. James Carroll, de The Boston Globe, declaró para una cadena de televisión de televisión norteamericana que Juan Pablo había `tratado fielmente de preservar una noción medieval y absolutista de un catolicismo centrado en la figura del papa, en el que todo salía del Vaticano", mientras que Marco Politi, de La Repubblica, escribió en The Tablet de Londres que un Wojtyla `intransigente´ siempre `había tenido un problema con la modernidad´, cosa que había quedado patente en su `sistemática demonización del siglo XX`. El popular historiador norteamericano Thomas Cahill siguió profundizando en esta línea de análisis en una columna de opinión de The New York Times al sugerir que Juan Pablo II podría, `con el tiempo, llevarse el mérito de haber destruido la Iglesia´. En ninguna de esas críticas se tuvieron en cuenta otras posibilidades, como, por ejemplo, que Juan Pablo II, quien había aplaudido en numerosas ocasiones los grandes logros científicos del siglo XX, además de apoyar constantemente el desarrollo de una cultura política global en favor de los derechos humanos y la democracia, en realidad fuera un hombre moderno que tenía un concepto muy distinto de las posibilidades, dificultades, ansiedades y peligros que entrañaba la modernidad". 

George Weigel, Juan Pablo II, El final y el principio, Planeta, Barcelona, 2011, p. 387


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