La literatura no siempre consigue transmitirle buenas vibraciones al lector. Ojalá. Muy al contrario, algunos libros han promovido entre ciertos lectores acciones nada deseables. El caso más famoso es tal vez el de Las penas del joven Werther, cuya publicación (mezclada con una lectura defectuosa) provocó el suicidio de bastantes jóvenes románticos de la época que padecían, como el personaje de Goethe, mal de amores... Es lo que se llamó el efecto Werther.
Pero no es el único libro que ha incitado al suicidio. Sergio Parra nos cuenta otro caso en esta entrada que publicó en Papel en blanco el 4 de julio de 2010.