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martes, 31 de enero de 2012

Cuento breve recomendado (171): "Los merengues", de Julio Ramón Ribeyro



Julio Ramón Ribeyro. Fuente de la imagen


“Yo he tenido muchos profesores de literatura. Pero he tenido solamente un maestro. Y ese maestro fue mi padre. Me acuerdo que un día me dijo: «Tú sabes que hay un escritor que es mejor que Dumas, y que se llama Balzac. Y hay un escritor que es mejor que Balzac, y que se llama Flaubert. Y un escritor mejor que Flaubert, y que se llama Stendhal. Y un escritor mejor que Sthendal, y que se llama Proust.» De este modo abría para mí un panorama de lecturas verdaderamente ilimitado. Esta yo creo que fue una de las circunstancias principales que forjó y fomentó mi vocación de escritor”.

J.R.R.

                  
[Este cuento incluye un comentario, al final, de Miguel Díez R.]


viernes, 27 de enero de 2012

Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: "Sombras sobre vidrio esmerilado", de Juan José Saer



Juan José Saer. Fuente de la imagen


"En la encuesta que Alfaguara le hizo a críticos literarios y escritores para preguntarles cuál había sido en su opinión el mejor relato argentino del siglo XX, "Sombras sobre vidrio esmerilado", de Juan José Saer, quedó en la décima posición. 
Juan José Saer nació en 1937 en Serodino, provincia de Santa Fe, Argentina, y falleció en 2005. Cultivó la novela, el cuento y el ensayo, y hoy día es reconocido como uno de los escritores argentinos más importantes del siglo XX. 


lunes, 2 de enero de 2012

Cuento breve recomendado (156) "Natación", de Virgilio Piñera



Virgilia Piñera (1912-1979). Fuente de la imagen
“Aunque estoy a punto de renacer, / no lo proclamaré a los cuatro vientos / ni me sentiré un elegido: / sólo me tocó en suerte, / y lo acepto porque no está en mi mano / negarme, y sería por otra parte una descortesía / que un hombre distinguido jamás haría. / Se me ha anunciado que mañana, / a las siete y seis minutos de la tarde, / me convertiré en una isla, / isla como suelen ser las islas. / Mis piernas se irán haciendo tierra y mar, / y poco a poco, igual que un andante chopiniano, / empezarán a salirme árboles en los brazos, / rosas en los ojos y arena en el pecho. / En la boca las palabras morirán / para que el viento a su deseo pueda ulular. / Después, tendido como suelen hacer las islas, / miraré fijamente al horizonte, /veré salir el sol, la luna, / y lejos ya de la inquietud, / diré muy bajito: / ¿así que era verdad?”
Virgilio Piñera, “Isla”, 1979