jueves, 4 de julio de 2013

El sueño de España

Selección española en el Mundial del 82. Fuente de la imagen

EL SUEÑO DE ESPAÑA
De niño jugábamos en el patio del colegio a ser Garrincha, Rivelino o –ya puestos– Pelé. En casa también teníamos o habíamos tenido grandes jugadores (Iribar, Amancio, Pirri), pero como soñar era gratis íbamos a lo grande: a los brasileños. Brasil era entonces el Fútbol, en mayúsculas, ese deporte al que todos jugaban pero que –así nos lo parecía– siempre ganaban los cariocas con sus regates de fantasía.  
Sin embargo, con el paso de los años el rumboso Brasil se fue deshinchando. Aunque igual de malabaristas que siempre, su juego no terminaba de cuajar y eran selecciones intrusas las que se imponían en los Mundiales. Y por extraño que antaño pudiera parecer cuando parecíamos anclados ad eternum a la furia (eufemismo con el que abrazábamos nuestra impotencia), la selección española acabó por convertirse en la mejor del mundo. Pelé y los suyos habían vuelto a nacer y ahora hablaban español e incluso catalán.
Pero a veces el mito acaba venciendo a la realidad y el sueño se convierte en pesadilla. Es lo que ocurrió el pasado domingo en el más mítico de los estadios: el Maracaná. La goleada de Brasil a España (3-0) en la final de la Copa Confederaciones ha venido a demostrar que donde hay patrón no manda marinero. O al menos hasta el próximo mundial, que está a la vuelta de la esquina, donde España posiblemente habrá de vérselas de nuevo con Brasil, y quién sabe si en la final. Será el momento de consolidar nuestra fe en que España es mucho más que el sueño de una noche de verano pergeñado por cuarenta millones de ciudadanos a quienes vencer se les antoja un verbo que solo hablan los brasileños.

(Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles, 3 de julio de 2013).

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